25 d’abril de 2010

JORNADA MUNDIAL DE PREGÀRIA PER LES VOCACIONS

En aquest diumenge 25 d'abril (IV diumenge de Pasqua, com a dia del Bon Pastor) l'Església celebra la Jornada Mundial de Pregària per les Vocacions. Tenint en compte que aquest any és Any Jubilar Sacerdotal (dedicat a la renovació i promoció dels sacerdots)us convidem a pregar de manera especial per les vocacions a la vida sacerdotal i religiosa.

Per això us animem a llegir i reflexionar el missatge del nostre Bisbe en la glossa dominical (aquí) i us oferim el testimoni de Juan Ignacio, seminarista de la nostra Diòcesi, amb un video (properament) fet per al dia del seminari d'enguany.



TESTIMONI JUAN IGNACIO

«No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda» (Jn 15,16).

Desde esta linda frase del evangelio de Juan voy a dar a conocer un poco la experiencia de mi llamada a seguir a Jesús en la vocación del sacerdocio. Nací en Pamplona una cuidad del departamento de norte de Santander de mi país, Colombia, en una familia numerosa, católica y cercana a la iglesia —por parte de mi mami pero de mi papa no mucho—. Recibí los sacramentos más por iniciativa de mi mami y mis tías que por conciencia propia, pues la cuestión de Dios cuando uno es muy joven casi ni se la plantea —al menos éste era mi caso—, además yo tenía poca relación con los curas porque me parecían viejitos chochos y anticuados y también regañones, e iba muy poco a misa, en fin era poco religioso.

Un día en el descanso de las clases en el colegio, un compañero —que era todo calladito y nosotros lo molestábamos mucho— estaba escuchando una grabación de Martín Valverde (cantautor cristiano de Costa Rica), yo le quité los auriculares para escuchar y en ese momento salió la canción: “Ten calma”; para mí escucharla fue algo impactante porque era como si estuviera hablándome a mí: “mira Juan ten calma”; sentí la voz de Dios —esto lo interpreto ahora, claro, en ese momento sólo dije que era una canción muy bonita.

Al tiempo, vinieron unos seminaristas al colegio a invitarnos a un encuentro, al cual algunos fuimos y todo nos pareció interesante... pero ahí quedó.

Cuando estaba terminando el bachillerato, se me presento una dificultad y pasando por la parroquia me encontré allí al párroco —que era muy amigo de mi familia— y con él iba también un cura joven que era el nuevo padre colaborador. A mí me causó curiosidad de ver un cura joven y fue a partir de aquí como empecé a acercarme un poco a la parroquia, porque con él empezamos a hacer actividades como realizar el pesebre en Navidad o ir al seminario a jugar fútbol, ir a los pueblos vecinos a encuentros con jóvenes, etc. Así creo que el Señor fue encaminando mi vida al sacerdocio, pues él me llamó, me agarró y yo me enamoré, porque él escribe derecho sobre renglones torcidos y llama y elige a los que él quiere, cuando él quiere.